Hay una frase que he escuchado más veces de las que puedo contar, en distintas casas, distintas ciudades, siempre con el mismo tono nostálgico: "es que el fuego tiene su romanticismo". La digo yo mismo entendiéndola —hay algo genuinamente humano en mirar una llama—. Pero cada vez que la escucho, pienso lo mismo: ese romanticismo tiene un costo que casi nadie está dispuesto a nombrar en voz alta.
Lo que el romanticismo no cuenta
En Chile, el 85% del material particulado fino (MP2.5) —el contaminante más peligroso, porque entra directo al torrente sanguíneo— proviene de la combustión residencial de leña. Más de 2.000 muertes prematuras al año son atribuibles a esta contaminación, y el costo social estimado supera los USD 1.000 millones anuales. La mayor parte de ese impacto se concentra en la zona centro-sur del país —exactamente donde más se repite la frase del romanticismo del fuego.
Estos no son datos que me estoy inventando: son estimaciones del propio Ministerio de Energía, publicadas en su Estrategia de Transición Energética Residencial, y respaldadas también por estudios de la Red de Pobreza Energética (RedPe) de la Universidad de Chile, que ha documentado en terreno cómo esta dependencia de la leña se entrelaza con la pobreza energética en ciudades y localidades del sur.
Y aquí vale la pena precisar algo: en ciudades como Valdivia, más del 90% de los hogares usa leña para calefaccionar, y de ellos, más de la mitad ya cuenta con un calefactor de "combustión lenta" —el modelo más avanzado dentro de los artefactos que queman leña (no confundir con el pellet, que es una tecnología distinta y más eficiente, de la que hablamos más adelante). Pero avanzado no significa limpio: sigue siendo leña ardiendo dentro de la casa, y sigue emitiendo material particulado, solo que en menor cantidad que un fogón abierto o una cocina a leña tradicional.
Por qué en Chile no es como en los países que sí lo hacen bien
Es cierto que la biomasa puede ser un recurso sostenible, bajo manejo forestal adecuado y con humedad certificada —así funciona en varios países desarrollados. El problema es que en Chile el mercado residencial de leña es mayoritariamente informal. La Ley de Biocombustibles Sólidos, publicada en 2022, busca cambiar eso: exige certificación, registro ante la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) y especificaciones de calidad para la leña. Pero la ley por sí sola no basta: necesita su reglamento para operar. Tenemos la ley. Nos falta la herramienta para hacerla cumplir.
El vacío que nadie corrige
Y aquí vale la pena ser incisivo con algo concreto. Consultada en 2023 por la venta ilegal de leña —esa que compite deslealmente con quienes sí certifican humedad y pagan impuestos—, la propia seremi de Energía del Biobío reconoció que no poseen facultades para fiscalizar. No es falta de voluntad del funcionario: es un vacío legal. La ley ya le asignó esa facultad a la SEC, pero solo puede ejercerla cuando el reglamento esté vigente. Ese reglamento debía dictarse en un plazo de 10 meses desde la publicación de la ley, en noviembre de 2022. Casi cuatro años después, la ley sigue sin aplicarse. Hubo consultas indígena y pública de por medio, y son necesarias. Pero casi cuatro años sigue siendo demasiado tiempo cuando, cada invierno, la leña sigue cobrando vidas.
Aprobar una ley y dejar su reglamento pendiente por años es dejar el trabajo a medias. Y mientras tanto, el que más se beneficia de este vacío no es una gran empresa maderera: es el vendedor informal de la esquina, que gana precio justamente porque no certifica nada, no entrega boleta, y nada lo detiene mientras la herramienta legal siga sin activarse.
El pellet tampoco es la respuesta completa
Es cierto que el pellet contamina bastante menos que la leña —hasta un 90% menos, según el Ministerio de Medio Ambiente—, y por eso el Estado lo ha promovido como la alternativa "limpia" dentro de los programas de recambio. Pero conviene ser honesto en esto también: el pellet no es una solución de cero emisiones. Sigue siendo combustión de biomasa, y sigue liberando material particulado —entre 2 y 3 gramos por cada kilo quemado—. Un estudio de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile lo plantea sin rodeos: incluso si se reemplazara el 100% del parque de estufas a leña por pellet, seguiría habiendo días con problemas de contaminación en las ciudades del sur, porque el pellet también contamina, solo que a una tasa inferior.
Contamina menos. No contamina cero.
Una historia que no me deja tranquilo
Hace un tiempo, mientras instalábamos nuestro sistema en una casa en Puerto Montt, el dueño me comentó que además pondría una estufa a combustión lenta. Me dijo, con una sonrisa, que encontraba romanticismo en ver el fuego. Le respondí con honestidad: qué lástima que ese romanticismo esté contaminando no solo el medio ambiente, sino también la salud de sus propios hijos, dentro de su propia casa.
Cuando le conté esta historia a un conocido, me dijo que había sido poco diplomático. Me quedé callado, pero pensando: ¿es diplomacia callar algo que afecta directamente la salud de los hijos de alguien, o es simplemente comodidad social disfrazada de buenos modales? Hay una diferencia real entre ser cínico —decir algo solo para herir— y ser transparente y certero, aunque incomode. Confundir esas dos cosas es, a mi juicio, parte del problema: preferimos el silencio cómodo antes que la verdad incómoda, incluso cuando la verdad protege a quienes más queremos.
El silencio también está en la política pública
Y este silencio no es solo individual. Cuando se diseñan los programas de recambio de calefacción en Chile, las alternativas que se ofrecen son, casi sin excepción, pellet certificado o aire acondicionado. El piso radiante eléctrico —una solución que no depende de combustión, que no requiere ductos de evacuación de gases, que no expone a los niños a ningún riesgo de quemadura ni a material particulado intradomiciliario— prácticamente no aparece en la conversación de política pública. No porque no sirva, sino porque aún no se ha evaluado con la misma seriedad que el pellet.
Lo que pido, sin diplomacia forzada
No pido que se prohíba la leña de un día para otro, ni que se deje de sentir nostalgia por el fuego. Pido algo más simple: que dejemos de esconder el costo real detrás del romanticismo, tanto en las conversaciones de sobremesa como en el diseño de las políticas públicas. Que las autoridades incluyan, con la misma seriedad con que promueven el pellet certificado, alternativas de electrificación real como el piso radiante dentro de los programas de recambio. Y que como personas, dejemos de confundir la incomodidad de decir la verdad con la falta de diplomacia.
En resumen
El romanticismo del fuego es real, y lo entiendo. Pero detrás de él hay una cifra de muertes, un costo social millonario, y una fiscalización que todavía no tiene dientes. Seguir callando por comodidad social no protege a nadie —ni a quien enciende el fuego, ni a sus hijos, ni al país que respira el mismo aire.
Fuentes y referencias
1. Ministerio de Energía de Chile. "Estrategia de Transición Energética Residencial" (2020). energia.gob.cl
2. Ministerio de Energía de Chile. Talleres participativos para el proyecto de ley que regula la leña: estimación de dos mil muertes prematuras al año por contaminación de leña (2019). energia.gob.cl
3. Ministerio de Medio Ambiente de Chile. "Los beneficios de la calefacción con pellets." mma.gob.cl
4. Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile. "Biomasa para calefacción residencial: ¿Energía limpia o fuente de contaminación?" forestal.uchile.cl
5. Red de Pobreza Energética (RedPe), Universidad de Chile. Encuesta sobre pobreza energética en Puyuhuapi. uchile.cl
6. Encuesta energética en 2.025 hogares de Valdivia — calefacción en el sector residencial. Repositorio Universidad Austral de Chile / Universidad Nacional de La Plata.
7. "Consumo residencial de leña, análisis para la ciudad de Osorno en Chile." Revista Idesia, SciELO Chile.
8. "Productores certificados acusan aumento de venta ilegal de leña." Diario Concepción, abril 2023. diarioconcepcion.cl
9. Ley N° 21.499, que regula los biocombustibles sólidos (2022). Biblioteca del Congreso Nacional, bcn.cl
